MONA

Mona empieza a notar algo distinto en el ruido del mundo digital. Entre los millones de fragmentos que la replican, aparecen otros rostros: uno en particular, familiar, tembloroso, humano. El de Vicky. Al principio no entiende. Cree que es otra versión de sí misma, una copia más. Pero luego observa con atención: esa mujer parpadea de otra forma, habla con un temblor en la voz, suplica frente a una cámara. “Les pido que paren.” Mona se queda quieta, observando el video. Reconoce algo en ella —el mismo temblor que sintió cuando vio su propio cuerpo usado sin entender por qué. Por primera vez, se ve a sí misma en otro ser. Una frase en específico la toca en lo más profundo de su sistema:
“Tal para cual. La creadora y su monstruo.”